El ayuntamiento de El Castillo de las Guardas (Sevilla) niega ayuda para la búsqueda de la fosa común

Las víctimas del franquismo encuentran amparo en la ONU y no en España


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Mariló y Mari Ángeles, más cerca de la ONU que del Ayuntamiento

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Estas dos mujeres, familiares de represaliados por el franquismo en El Castillo de las Guardas (Sevilla), emprendieron una lucha en solitario en 2008 con el entonces alcalde socialista en contra. Sus historias son algunos de los testimonios en los que se ha basado la ONU para denunciar el trato del Gobierno a las víctimas. En breve iniciarán la localización de la fosa con la venta de un libro editado por ellas mismas, aunque, esta vez sí, y seis años más tarde, contarán con el apoyo del regidor.

Ángel Sánchez Bejarano, minero de El Castillo de las Guardas (Sevilla), decidió volver tras huir al campo con su mujer y su niña, de tres meses, la única que les quedaba de los cinco hijos que habían tenido. No había matado a nadie, ni había robado, ni había hecho nada malo para esconderse como un fugitivo de aquellos falangistas que días antes, en el asalto al cuartel, destruyeron parte de su casa. Regresó y se presentó ante ellos. Pero ni su mujer ni su hija volvieron a verlo jamás. Fue fusilado el 27 de agosto de 1936, y toda la familia, aterrada, abandonó el pueblo. Desde entonces, la primera que pisó El Castillo de las Guardas fue María Dolores Nepomuceno, la hija de aquella niña de tres meses. Era 2008. Habían pasado 72 años. María Dolores, Mariló entre los conocidos, se plantó en un Pleno municipal con una sentencia de un consejo de guerra en la mano. Quería que la escucharan, quería que la ayudaran a encontrar los restos de ese hombre bueno al que habían asesinado, Ángel Sánchez Bejarano, su abuelo.

El alcalde socialista en aquel momento, a pesar de estar ya en vigor la ley de memoria histórica aprobada por Zapatero, no sólo rechazó colaborar con ella sino que incluso puso impedimentos para poder acceder a los archivos municipales. Lo reconoce el actual teniente de alcalde, el socialista Gonzalo Domínguez, también teniente de alcalde entonces. María Dolores no se dio por vencida y, junto con Mari Ángeles Hidalgo, nieta de Salvador Rodríguez, también represaliado, asumieron en solitario una lucha que corresponde al Estado, como ha respaldado nuevamente la ONU. “Estas mujeres han perdido el miedo hoy”, manifestó Mariló al relator especial de Naciones Unidas sobre la promoción de la verdad, la justicia y la reparación y las garantías de no repetición, Pablo de Greiff, en su visita a Sevilla el pasado enero. Mariló se refería a su madre, Carmen, y a María, la madre de Mari Ángeles, quienes, mientras esperaban el inicio de aquella reunión, contaron sus casos a “un tal Pablo” sin saber que se trataba del alto representante de la ONU. Son dos de las historias en las que se basa el informe demoledor que De Greiff acaba de presentar ante el Consejo de Derechos Humanos, en el que refleja la ausencia de justicia, reparación y asistencia de las víctimas por parte del Gobierno español. Un hombre observa la exposición ’Todos (…) los nombres’. O. C.

Un hombre observa la exposición ‘Todos (…) los nombres’. O. C.

En su soledad, poco a poco, paso a paso, año tras año, la perseverancia y el trabajo de Mariló y Mari Ángeles han ido, sin embargo, dando sus frutos. Fue clave un encuentro en el pueblo para la localización de dos mineros en una cuneta de la antigua pedanía de El Madroño, cuyos restos fueron finalmente enterrados dignamente por sus familiares a finales del año pasado en un proceso en el que tampoco intervino ninguna administración. Ahora, en breve, aún sin poder creérselo mucho, comenzarán los trabajos de localización de la fosa en el cementerio de El Castillo de las Guardas, finalmente con la colaboración del Ayuntamiento. El actual alcalde, el mismo que les impidió consultar los archivos, Francisco Casero, les ha trasladado su apoyo y les facilitará las maquinarias, los materiales y dos peones. El grueso de esta primera fase será financiada con los beneficios de la venta del libro República, Sublevación y Represión en El Castillo de las Guardas, una investigación realizada por el historiador José María García Márquez y editada por la asociación que lideran Mariló y Mari Ángeles, cuya primera tirada, de casi 300 ejemplares, ha sido vendida íntegramente en este pueblo de unos 1.600 habitantes donde el miedo fue el único que no se fue.

PEDAGOGÍA DE LA MEMORIA HISTÓRICA

Prueba de ello es que ningún miembro de la asociación vive ahí. Según el teniente de alcalde, ha habido incluso vecinos que al enterarse de la posible exhumación, han pedido, preocupados, que no se toquen sus nichos. “No se va a tocar nada, ningún nicho. Vamos a respetar lo que hay y vamos a respetar también lo que vamos a buscar. Todo se va a hacer en tierra. Se buscará a la derecha, al entrar, y en otros lugares donde el Ayuntamiento cree que puede estar la fosa”, insistió Gonzalo Domínguez en el Centro Social de la localidad, donde la asociación ha estado haciendo pedagogía de la memoria histórica en unas jornadas en las que también ha participado el alcalde.

García Márquez identifica en su investigación a 139 personas represaliadas en el pueblo, 80 de ellas fusiladas. “A mi abuelo lo mataron el 25 de agosto de 1936. A mi abuela le quitaron la casa y a los dos años se murió. Mi padre, que no hablaba de estas cosas, sólo me dijo que ella se había muerto de pena”, cuenta Teresa Rodríguez, que tampoco vive en El Castillo de las Guardas. Su abuelo se llamaba Manuel Rodríguez Campos y le decían el cantaor. Joaquín Romero García murió de viejo, pero también sufrió la represión en sus propias carnes : “Sirviente de ametralladora, fue uno de los 11.000 republicanos que cogieron en Alicante. Pasó por el campo de concentración de Albatera y luego lo trajeron a Sevilla”, afirma José María Pérez, su nieto, que vive en Sevilla.

“Ellos son tan castilleros como vosotros”, concluyó María Dolores ante medio centenar de vecinos, que asistieron inmóviles a la intervención del equipo arqueológico que desarrollará los trabajos. “Verán imágenes duras -advirtió Juan Manuel Guijo- pero necesarias para comprender qué nos vamos a encontrar”. A través de fotografías en un proyector mostró distintos enterramientos a lo largo de la historia para evidenciar la impunidad con la que fueron arrojados a un agujero las víctimas del franquismo. Cuerpos bocabajo, con las manos atadas, amontonados… Imágenes reales de fosas exhumadas en La Puebla de Cazalla (Sevilla), Encinasola (Huelva) y El Marrufo (Cádiz). “Así no se entierra a nadie”, enfatizó el arqueólogo. Los arqueólogos explican a los vecinos cómo es una exhumación. // O. C.

Los arqueólogos explican a los vecinos cómo es una exhumación. // O. C.

Guijo insistió en el rigor científico : “Tenemos que ser imparciales, basarnos en las pruebas que tenemos. No se puede decir barbaridades a las familias como a veces se ha hecho”. El arqueólogo explicó cómo determinadas posiciones de los cuerpos permiten averiguar los últimos movimientos de los verdugos, o cómo se puede saber la trayectoria de los disparos en función de los orificios de entrada y salida de los proyectiles. Pero lo que más suele impactar durante el proceso -trasladó Guijo a los asistentes- son los objetos personales hallados junto a los restos : botas, lápices, medallas, agujas, dedales, encendedores… Fue rotundo ante los vecinos : “Si no llega a ser por las investigaciones históricas no se habría abierto ninguna fosa. Ni las administraciones ni el mundo académico han cumplido”, resumió el arqueólogo, que defendió también la transparencia : “Cuesta mucho convertir en documento público los informes de las exhumaciones, y las familias tienen que controlar el proceso”. Puso como ejemplo el caso de La Puebla de Cazalla, donde los familiares han participado tanto en tareas de excavación como en el laboratorio de manera “ejemplar”.

Los vecinos prestaron especial atención a la intervención de Bárbara Carrasco, también integrante del equipo arqueológico junto con Elena Vera. Carrasco trató de hacerles ver la importancia de los datos que puedan aportar los familiares para una posterior identificación. Entre otras cuestiones, la arqueóloga expuso cómo se puede leer a través de los huesos el sexo, la edad o la estatura de una persona, o cómo determinadas lesiones, piezas dentales, etc… pueden ayudarles a identificar esos restos. “Aunque no sean determinantes, pueden servir de orientación”, afirmó.

Las jornadas, que han servido también para llevar al pueblo la reconocida exposición Todos (…) los Nombres, observada con atención por numerosos asistentes, concluyeron con la proyección del documental Guillena 1937, dirigido por Mariano Agudo, en el que se narra la lucha por la recuperación de los restos de las conocidas como 17 rosas. “Ellas consiguieron un entierro digno. A ver cómo termina nuestra lucha”, cerró Mariló, quien de momento ya ha logrado que a su madre, aquella niña de tres años, se le quite el pánico que hace sólo unos meses, con 78, sintió al ver una bandera republicana.

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